FAO lanza una publicación con recomendaciones de respuesta ante los desastres forestales

FAO lanza una publicación con recomendaciones de respuesta ante los desastres forestales Cesefor

La FAO acaba de publicar un nuevo estudio sobre las catástrofes relacionadas con los bosques que contribuirá a la elaboración de respuestas eficaces para futuros incidentes. El documento, titulado Forest-related disasters - Three case studies and lessons for management of extreme events, evalúa tres grandes desastres que afectaron a los bosques: Gudrun, una poderosa tormenta que azotó Suecia en 2005; el terremoto y el tsunami de Tohoku en Japón en 2011, y la tormenta de fuego que se produjo en Chile en 2017.

En el estudio, disponible aquí en inglés, se formulan recomendaciones fundamentales sobre cómo prepararse para desastres similares y cómo hacer frente a sus consecuencias.

La publicación se ha lanzado este enero, coincidiendo con el 16º aniversario de Gudrun, la fuerte tormenta que pasó por el norte de Europa y causó graves daños por el viento, cortes de electricidad e inundaciones. "Las catástrofes forestales pueden ser devastadoras tanto para los propios bosques como para las personas que dependen de ellos, y un solo acontecimiento puede cambiar por completo la vida cultural y económica de, por ejemplo, los pequeños estados insulares", ha señalado el Oficial Forestal de la FAO Jonas Cedergren.

Cedergren subraya que "los países tienen que estar preparados para estas eventualidades, pero también tienen que tener en cuenta la utilidad de los bosques para mitigar las catástrofes, por ejemplo, reduciendo la intensidad de las olas de las inundaciones de los tsunamis o estabilizando las pendientes contra los deslizamientos de tierra y las avalanchas".

Las secuelas de los desastres

En el estudio se explica que, si bien los desastres causan el mayor riesgo para las vidas humanas, es la avería de la infraestructura crítica (por ejemplo, la caída de árboles que bloquean las carreteras) lo que provoca un aumento de las víctimas después de un evento.

Los árboles muertos tras estas catástrofes son además susceptibles a las plagas de insectos que pueden llegar a matar a los árboles sanos, mientras que el material leñoso muerto puede convertirse en una fuente de combustible fácilmente combustible para los incendios forestales. Por otra parte, los árboles dañados pueden utilizarse para calefacción, refugio y reconstrucción, dice el documento, pero un gran número de árboles derribados en los desastres puede a menudo exceder la capacidad de procesamiento local o distorsionar el funcionamiento normal del mercado.

Recomendaciones clave

En la publicación se formulan también una serie de recomendacionesdirigidas al personal encargado de la respuesta a los desastres, incluidos los servicios de emergencia y el personal del sector forestal en los sectores público y privado. Es fundamental la planificación anticipada, incluida la capacitación de los equipos y los encargados de afrontar una respuesta rápida, basada en simulaciones realistas que puedan ser efectivamente duplicadas incluso en ausencia de personal clave.

Igualmente importante para la preparación es disponer de información sobre los recursos críticos, incluidos los datos de contacto del personal forestal, la ubicación del equipo forestal y las rutas de acceso y los lugares de almacenamiento de la madera, según el estudio.

Tras los desastres, las necesidades humanas inmediatas deben equilibrarse con las necesidades ambientales y de diversidad biológica a más largo plazo del ecosistema forestal, subraya el documento. La madera caída y dañada es tanto un recurso de reconstrucción local como un activo económico, pero debe existir una planificación previa y una política clara sobre su uso después de un desastre. Además, se debe capacitar a los trabajadores forestales en todos los aspectos de la arriesgada labor de recuperación de la madera, en particular en la limpieza de la madera caída y la apertura de caminos.

En la publicación también se recomienda un enfoque regional cooperativo de la respuesta a los desastres, que beneficiaría a los países pequeños que no pueden depender de sus recursos individuales cuando se enfrentan a desastres repetidos. Ese enfoque podría incluir un conjunto de operadores capacitados para ocuparse de la madera caída, un recurso de equipo conjunto para el trabajo forestal, la capacitación conjunta en materia de desastres y un sistema unificado de gestión de control de incidentes.